lunes, 23 de noviembre de 2009




Con el tiempo Númenór se hizo tan irrespirable como el mismo Mordor (tal vez exagero). Es que los elfos añaden a la existencia una trascendencia que, al perderse o desdibujarse, somete a la realidad a una monotonía insalvable: ni las extraordinarias cualidades de los  númenóreanos se salvan de ese naufragio existencial cuando  la nostalgia del mar es sustituída por el deseo de la Tierra Media. No vale la pena Númenór sin la fidelidad a los amigos de más allá del mar.