viernes, 12 de marzo de 2010

Desde el umbral, las gaviotas

Estamos recorriendo caletas. Cada una guarda una sorpresa. Después de unos minutos, al doblar un recodo rocoso, entramos a Erech Andir. Aquí hay, si cabe, mas paz que en las anteriores, a pesar del sonido insistente de las gaviotas. ¿Qué querrán demostrar? O, ¿a qué juego se dedicarán, imperturbables? Un viento encrespa el mar. Una nube refresca la tarde. Una ola de espuma se congracia con la arena. No es posible dejar de mirar el vuelo, el juego, la alegría de las gaviotas, desde el umbral. Quiero decir, que Erech Andir se me antoja una puerta, un espacio abierto a otra cosa. A pesar de que las gaviotas siguen siendo las mismas compañeras. ¿No será eso lo que hace tan apacible esta caleta? Me siento uno con la brisa, el oleaje y el sol. Pero las gaviotas están allí, impidiéndome olvidar su juego. ¿Habrán sido creadas para mantenernos atentos a los otros? ¿Para impedir que nos mimetisemos con la algarabía de las olas, la placidez del viento o la voluptuosidad de las nubes? Si después de todo debiéramos agradecer a estas eternas bullangueras el habernos propiciado la humildad...

lunes, 1 de marzo de 2010

La linea del tiempo

Una segunda caleta: Cabel Erech. Estoy sentado frente al mar y la sensación que me deja el rumor de las olas es el de una despedida. Mañana volveré y sucederá otro tanto. Mientras, los días pasan, y las semanas y los años... Hay una especie de encantamiento del tiempo que solo Cabel  Erech logra despertar. Me deja la profunda impresión de lo que está aún por hacerse y al mismo tiempo no podrá ser hecho jamás. Es como estar al borde de un precipicio que, sin embargo te permite seguir el camino siempre que estés seguro de que no pasará nada, excepto la permanencia de esa extraña sensación de haber acabado y aún permanecer.
El mar te llama. Y sabes que si acudes te botará en cualquier momento luego de haberte devorado. Sólo el cielo permanece impasible, a pesar de las nubes, pasajeras por naturaleza; a pesar de las gaviotas, vecinas de un momento.
Caleb Erech tiene la fórmula de la permanencia: no te dejes ganar por el encantamiento del tiempo; vive el hoy y ahora a cada momento, aunque como en este instante estés mirando el mar, disfrutando de una soleada caleta en Númenòr.