lunes, 8 de noviembre de 2010

Tolkien y su visión antropológica de la existencia (III)

          En el principio (el Silmarillion), el Todopoderoso inicia su obra creadora valiéndose de la música de los Ainur, los primeros creados. Sin embargo, aún no finaliza la subcreación de estos Poderes cuando ya se establece la Discordia. En el corazón de uno y en el de sus secuaces no caben soberanía y libre acogida. Podrían haber callado y haber imitado; sin embargo, su soberbia les impulsa a disentir. Por dos veces el Todopoderoso les devuelve la confianza y dos veces, tres, la utilizan para mostrar su disconformidad y rebeldía. Con gran pesar, el Todopoderoso, el Señor de las Alianzas, da por concluida la subcreación e invita a todos al gran espectáculo del comienzo de la Historia.
           
            La primera Alianza está por pactarse entre el Todopoderoso y los Poderes creados por El, que lo ayudaron a concretar su obra. Podría ser cierta Alianza con la Naturaleza, en la que el Señor Oscuro tendrá también parte, aunque negativa. Pero su participación será inevitablemente involuntaria: a pesar de su rebelde intención, todo lo que haga contribuirá a la perfección del orden natural.

            Llegan los Primeros nacidos -los Elfos-, y son ahora los Poderes los que propiciarán una ulterior Alianza. También esta “fracasará” al no conseguir la unánime aceptación de todos los pueblos de los elfos. Muchos de estos volverán a su primitiva condición en Arda y se encontrarán entonces con que el Señor Oscuro los perseguirá no ya para establecer una Alianza propicia sino para sojuzgarlos con diversos engaños. Muchos sucumben; bastantes son fieles a una cierta lealtad informe pues no tiene por objeto la amistad con los Poderes sino su propia tranquilidad.

            Es con la llegada de los Hombres, a quienes el Todopoderoso hizo esperar, cuando se establece la Alianza prototípica. A partir de entonces, Naturaleza, Poderes, Elfos y hasta el Señor Oscuro deberán someter sus pretensiones a la confirmación de la Alianza entre el Todopoderoso y los hombres libres.


             Muchos sucesos se han agolpado en el transcurso de las Edades y, cuando la Alianza debe ser consolidada se manifiesta el Anillo Único (instrumento de poder devastador y maligno) cuya destrucción hará posible el retorno del Rey

             El viaje de la Compañía (siete elegidos que representan a todos los pueblos libres de la Tierra Media) ocupa a partir de ese momento el centro de la atención, como la Historia universal en el marco de la Historia de la salvación o de la Alianza. Los integrantes de la Compañía del Anillo irán cumpliendo uno a uno su papel en esta historia; y serán Medianos (Frodo y Sam) no elfos ni hombres descendientes de Reyes, los que decidirán la suerte de los hombres libres y la realización de la Alianza.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Tolkien y su visión antropológica de la existencia (II)

Dios quiere que nos acojamos a la salvación, no que nos sometamos a esta. Por eso el Señor Oscuro quiso inventar un modo semejante al de Dios: creó los Anillos de poder. Por eso es el Señor de los Anillos. Pero Dios es el Señor de las Alianzas. Su señorío no sería en modo alguno paragonable a otro, si existiera. La Oscuridad personificada imita burdamente, por una envidia descomunal y estrambótica, el Poder de Dios.

            Así,  mientras los Anillos mienten, las Alianzas liberan; mientras  los Anillos sojuzgan, las Alianzas unen; mientras los Anillos deslumbran, las Alianzas humillan (hacen humildes a quienes las acogen); mientras el llamado Único (el Tesoro de Gollum) pervierte y hace invisible (engaña), Dios  no precisa de una única Alianza para “sojuzgarlas a todas” las demás, sino que El mismo es el garante de la eficacia de sus Alianzas.
           
Aciertan quienes leen en la creación de Tolkien un tono bíblico por ellos rechazable. Es que la entera mitología de este autor es, aunque indirectamente, un espejo de la realidad en su sentido teológico fuerte. En el trasfondo de toda historia se trasluce la Historia. Los protagonistas de las historias son los protagonistas de la Alianza: Dios y el hombre. Dios, que en su infinita libertad oferta al hombre la Gracia, y el hombre que en su limitada y real libertad se compromete con Dios a realizar la Historia hasta la Gracia del Gran Final.

            

jueves, 4 de noviembre de 2010

Tolkien y visión antropológica de la existencia (I)

Las narraciones de Tolkien se refieren a hechos “históricos” sucedidos en edades remotas (Primera, Segunda, Tercera Edad) que sin embargo mantienen de tal modo su vigencia que los protagonistas aún están entre nosotros muchas veces. Aparecieron en su momento para cumplir un cometido atemporal (Gandalf, Aragorn, Galadriel) y permanecen vivos de Edad en Edad.

Los espíritus mejor preparados (Frodo) lo entienden y no se extrañan: se admiran. Los simples (Sam) se maravillan. Los desgarrados y atribulados se repliegan en sí mismos y los desconocen (Gollum). Los malvados (Grima) rendidos a la Sombra, se rebelan (pierden su libertad) y pretenden arrebatar hoy y ahora, una victoria que no les pertenece.

Desde una perspectiva cristiana, toda la historia debe ser vista con esos ojos: admirarse y maravillarse de la vigencia del Plan de Dios. Así vistos, los acontecimientos de cada día adquieren un valor de eternidad y la victoria se entiende como el resultado final de una lucha permanente (librada individual y colectivamente: la Comunidad del Anillo). La esperanza nunca se pierde (Las dos torres) porque ha sido ganada definitivamente por el Único que podía hacerlo, Cristo; con su Eucatástrofe (su Encarnación) ha vencido a la Sombra y al Mal mediante la Pasión redentora y la Resurrección. Desde ese momento, ninguna libertad creada (Saruman pretendiendo enfrentarse a Sauron) puede proponerse como redentora; y al mismo tiempo, ningún suceso humano puede desvincularse de ese tiempo de Gracia (El Retorno del Rey).

La cosmovisión de Tolkien es sumamente verosímil, también cuando sucesos y personajes están transformados mediante la Fantasía en seres y acontecimientos extraordinarios: la larga vida de los elfos y de los poseedores del Anillo Único se explica por cierta afinidad con la trascendencia; la compleja transformación de Smeagol-Gollum se debe a su determinación de ensimismarse en la contemplación y posesión de su “Tesoro”; la naturaleza de los hobbits, a su peculiar disposición ante la vida; el éxito de las empresas, a la esperanza que nunca se desvanece y a la humildad que recurre oportunamente a la ayuda de quienes pueden aportarla.

jueves, 29 de abril de 2010

Así jamás amé

Erendis: "Y hoy envuelvo en mi asombro tus delirios quintaesenciados a los que quizá no torne sino por tu deseo encadenada".
Aldarion: "Me faltó aquella rama de simbelmyne atada a la popa, con la que debiste despedirme. Así jamás amaré".


Erendis: "Así jamás amara, si el tiempo no me hablara de tu voluntad aferrada al mar, y de mi corazón buscándote siempre en todas las playas. Pero no estás aquí para entenderlo y las olas te arrullan: así no puedo amar".
Aldarion: "Amar así pudiera si buscaras en mi amor por el mar el amor a tí, inmensa y misteriosa, como el horizonte, como las olas, como los ocasos..."

viernes, 12 de marzo de 2010

Desde el umbral, las gaviotas

Estamos recorriendo caletas. Cada una guarda una sorpresa. Después de unos minutos, al doblar un recodo rocoso, entramos a Erech Andir. Aquí hay, si cabe, mas paz que en las anteriores, a pesar del sonido insistente de las gaviotas. ¿Qué querrán demostrar? O, ¿a qué juego se dedicarán, imperturbables? Un viento encrespa el mar. Una nube refresca la tarde. Una ola de espuma se congracia con la arena. No es posible dejar de mirar el vuelo, el juego, la alegría de las gaviotas, desde el umbral. Quiero decir, que Erech Andir se me antoja una puerta, un espacio abierto a otra cosa. A pesar de que las gaviotas siguen siendo las mismas compañeras. ¿No será eso lo que hace tan apacible esta caleta? Me siento uno con la brisa, el oleaje y el sol. Pero las gaviotas están allí, impidiéndome olvidar su juego. ¿Habrán sido creadas para mantenernos atentos a los otros? ¿Para impedir que nos mimetisemos con la algarabía de las olas, la placidez del viento o la voluptuosidad de las nubes? Si después de todo debiéramos agradecer a estas eternas bullangueras el habernos propiciado la humildad...

lunes, 1 de marzo de 2010

La linea del tiempo

Una segunda caleta: Cabel Erech. Estoy sentado frente al mar y la sensación que me deja el rumor de las olas es el de una despedida. Mañana volveré y sucederá otro tanto. Mientras, los días pasan, y las semanas y los años... Hay una especie de encantamiento del tiempo que solo Cabel  Erech logra despertar. Me deja la profunda impresión de lo que está aún por hacerse y al mismo tiempo no podrá ser hecho jamás. Es como estar al borde de un precipicio que, sin embargo te permite seguir el camino siempre que estés seguro de que no pasará nada, excepto la permanencia de esa extraña sensación de haber acabado y aún permanecer.
El mar te llama. Y sabes que si acudes te botará en cualquier momento luego de haberte devorado. Sólo el cielo permanece impasible, a pesar de las nubes, pasajeras por naturaleza; a pesar de las gaviotas, vecinas de un momento.
Caleb Erech tiene la fórmula de la permanencia: no te dejes ganar por el encantamiento del tiempo; vive el hoy y ahora a cada momento, aunque como en este instante estés mirando el mar, disfrutando de una soleada caleta en Númenòr.

jueves, 4 de febrero de 2010

Pensando en el horizonte

Pasado Narvinye (enero) e iniciado Nénime (febrero) es tiempo de recorrer una a una las caletas de Almaida. Empezaré por Ghil Erech. Blanca la arena, recogida entre colinas verdes, una roca la preside hacia el oriente, desde la cual en el atardecer se puebla de estrellas. Los pescadores la atraviesan incesantemente. Pasear a la orilla del mar en Ghil Erech es encontrar esa paz acompañada propia del hombre de la ciudad, que no ha perdido su personalidad aún en medio del bullicio. Pensar en el horizonte mientras se saluda a los viandantes es lo propio de esta caleta abrigada y al mismo tiempo, libre: como nuestros sueños, como nuestros anhelos verdaderos.

Acaso hallemos en cualquier momento el afecto perdido en la memoria, el recuerdo impreciso de algo...Mientras tanto, miraremos el mar desde donde un día lo viera Aldarion: conoceremos la paciencia.

Ghil Erech, desde altamar.