domingo, 7 de noviembre de 2010

Tolkien y su visión antropológica de la existencia (II)

Dios quiere que nos acojamos a la salvación, no que nos sometamos a esta. Por eso el Señor Oscuro quiso inventar un modo semejante al de Dios: creó los Anillos de poder. Por eso es el Señor de los Anillos. Pero Dios es el Señor de las Alianzas. Su señorío no sería en modo alguno paragonable a otro, si existiera. La Oscuridad personificada imita burdamente, por una envidia descomunal y estrambótica, el Poder de Dios.

            Así,  mientras los Anillos mienten, las Alianzas liberan; mientras  los Anillos sojuzgan, las Alianzas unen; mientras los Anillos deslumbran, las Alianzas humillan (hacen humildes a quienes las acogen); mientras el llamado Único (el Tesoro de Gollum) pervierte y hace invisible (engaña), Dios  no precisa de una única Alianza para “sojuzgarlas a todas” las demás, sino que El mismo es el garante de la eficacia de sus Alianzas.
           
Aciertan quienes leen en la creación de Tolkien un tono bíblico por ellos rechazable. Es que la entera mitología de este autor es, aunque indirectamente, un espejo de la realidad en su sentido teológico fuerte. En el trasfondo de toda historia se trasluce la Historia. Los protagonistas de las historias son los protagonistas de la Alianza: Dios y el hombre. Dios, que en su infinita libertad oferta al hombre la Gracia, y el hombre que en su limitada y real libertad se compromete con Dios a realizar la Historia hasta la Gracia del Gran Final.

            

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