jueves, 4 de noviembre de 2010

Tolkien y visión antropológica de la existencia (I)

Las narraciones de Tolkien se refieren a hechos “históricos” sucedidos en edades remotas (Primera, Segunda, Tercera Edad) que sin embargo mantienen de tal modo su vigencia que los protagonistas aún están entre nosotros muchas veces. Aparecieron en su momento para cumplir un cometido atemporal (Gandalf, Aragorn, Galadriel) y permanecen vivos de Edad en Edad.

Los espíritus mejor preparados (Frodo) lo entienden y no se extrañan: se admiran. Los simples (Sam) se maravillan. Los desgarrados y atribulados se repliegan en sí mismos y los desconocen (Gollum). Los malvados (Grima) rendidos a la Sombra, se rebelan (pierden su libertad) y pretenden arrebatar hoy y ahora, una victoria que no les pertenece.

Desde una perspectiva cristiana, toda la historia debe ser vista con esos ojos: admirarse y maravillarse de la vigencia del Plan de Dios. Así vistos, los acontecimientos de cada día adquieren un valor de eternidad y la victoria se entiende como el resultado final de una lucha permanente (librada individual y colectivamente: la Comunidad del Anillo). La esperanza nunca se pierde (Las dos torres) porque ha sido ganada definitivamente por el Único que podía hacerlo, Cristo; con su Eucatástrofe (su Encarnación) ha vencido a la Sombra y al Mal mediante la Pasión redentora y la Resurrección. Desde ese momento, ninguna libertad creada (Saruman pretendiendo enfrentarse a Sauron) puede proponerse como redentora; y al mismo tiempo, ningún suceso humano puede desvincularse de ese tiempo de Gracia (El Retorno del Rey).

La cosmovisión de Tolkien es sumamente verosímil, también cuando sucesos y personajes están transformados mediante la Fantasía en seres y acontecimientos extraordinarios: la larga vida de los elfos y de los poseedores del Anillo Único se explica por cierta afinidad con la trascendencia; la compleja transformación de Smeagol-Gollum se debe a su determinación de ensimismarse en la contemplación y posesión de su “Tesoro”; la naturaleza de los hobbits, a su peculiar disposición ante la vida; el éxito de las empresas, a la esperanza que nunca se desvanece y a la humildad que recurre oportunamente a la ayuda de quienes pueden aportarla.

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