Almaida, puerto de Núménor, debe ser poblada. Todos, niños, jóvenes, adultos, ancianos; hombres y mujeres; todos los que tengan un corazón grande y deseos de cambiar el mundo a la medida de Núménor: sentíos convocados. Aún es tiempo de salvar la isla. El Mal, de mil formas solapado, ha invadido las ciudades importantes: hasta el Meneltarma sufre las insidias de Melkor.
Almaida, puerto de Forrestar, que mira al Oeste, siempre pronta a recibir las buenas nuevas del otro lado el oceano: donde hay elfos que pueblan las tierras impercederas y cantos que curan el corazón herido con la nostalgia del mar.
Venid a Almaida, gente generosa; y ya sea que estéis de paso; o que deseéis poner vuestra morada virtual en este lugar de encantamiento, seréis bien recibidos, con ciertas condiciones.
En Almaida no debiera haber quien desee mandar; ni quien se proponga sacar provecho de los demás; ni quien desee olvidarse de buscar la verdad o adherirse a lo bello.
Almaida requiere hombres libres y capaces de amar; empeñados en cultivar sus raíces y cosechar sus frutos a su tiempo. Hombres que oteen horizontes más allá de todos los confines; y escuchen la voz de las gaviotas que hablan en idiomas indescriptibles.
Venid sin más aprestos que el anhelo de grandeza. Venid ponto. Y cuando lleguéis haced sonar la campana de vuestros saludos. Por largo tiempo os hemos ya esperado, quienes hemos llegado primero, animados por la brisa del mar y el imponente silencio de las costas.
Terminaréis amando Almaida como nunca pensasteis amar un lugar. Y en reciprocidad Almaida os dará esa felicidad que estáis anhelando en el fondo del corazón.


