Acabamos de celebrar un aniversario más del nacimiento del maestro Tolkien. Aun cuando el tiempo es una categoría filosófica inestimable en la práctica ya que tienen más relevancia los sucesos de la historia personal, no cabe duda que hay un elemento con el que, necesariamente hemos de contar y que no es otra cosa que la sucesión de eventos que llamamos tiempo. Según este hemos visto desfilar un sinnúmero de acontecimientos alrededor de los sucesos de la Tierra Media: los propios y los incoados por estos en el mundo real. La música compuesta, los libros escritos, las horas transcurridas en la lectura apasionada de cada libro...y la vida vivida en la imaginación de personajes y sucesos de las diversas Edades.
Y es que los relatos nos transforman. Empezamos a partir de estos vidas distintas, diversas y complementarias a la medida de nuestra aportación personal. No para todos Aragorn es el mismo, ni Grond tiene el mismo aspecto terrorífico, ni Radagast significa más o manos en la historia general. El ritmo de las Edades es también distinto para cada uno; y Aldarion y Erendis dejan marcas diversas en el ánimo de cada uno.
Pensando en Almaida de Numenor, siento que sucede otro tanto. Algunos la conocen; otros la ignoran; muchos la desconocen o simplemente la evaden. Pero Almaida pude llegar a ser para cada uno aquel lugar en el que estamos ubicados establemente y al mismo, añoramos porque nos sentimos extrañados de patria tan peculiar: Almaida, el puerto seguro; el inicio de cada aventura; el punto que mira al futuro; el lugar de la serenidad y la nostalgia, de benévolo sol y olas arulladoras.
lunes, 6 de enero de 2020
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
