viernes, 25 de abril de 2014

El puerto de la esperanza

Así debió ser por incontables generaciones. Almadia es luz, es cercanía. Es también esplendor discreto y apacible. Es un encanto fascinante hecho de silencios y perfumes. En el horizonte se perfilan los misterios develados y en sus playas se escuchan siempre los ecos de las risas de numerosos elfos que desembarcaron aquí, cuando el tiempo aún no había empezado a contarse.
Pero estar en Almadia no es suspender la vida. En sus muelles, numerosas embarcaciones invitan a zarpar mar adentro. Las gentes de Almadia, habituadas a tanto esplendor, animan a los indecisos a probar fortuna en alta mar: descubrir un inusitado islote; cruzarse con algún velero que vuelve del Oeste; perderse... Porque en Almadia todo es poderoso: hasta la eventualidad de no volver resulta apasionante. Porque como afirman unánimes sus habitantes, tal vez partir sin regresar significa encontrar lo que se hubo buscado hasta entonces, sin éxito. La esperanza esta siempre a flor de piel en Almadia, la fascinante, la esplendente.