jueves, 4 de febrero de 2010

Pensando en el horizonte

Pasado Narvinye (enero) e iniciado Nénime (febrero) es tiempo de recorrer una a una las caletas de Almaida. Empezaré por Ghil Erech. Blanca la arena, recogida entre colinas verdes, una roca la preside hacia el oriente, desde la cual en el atardecer se puebla de estrellas. Los pescadores la atraviesan incesantemente. Pasear a la orilla del mar en Ghil Erech es encontrar esa paz acompañada propia del hombre de la ciudad, que no ha perdido su personalidad aún en medio del bullicio. Pensar en el horizonte mientras se saluda a los viandantes es lo propio de esta caleta abrigada y al mismo tiempo, libre: como nuestros sueños, como nuestros anhelos verdaderos.

Acaso hallemos en cualquier momento el afecto perdido en la memoria, el recuerdo impreciso de algo...Mientras tanto, miraremos el mar desde donde un día lo viera Aldarion: conoceremos la paciencia.

Ghil Erech, desde altamar.


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