Una segunda caleta: Cabel Erech. Estoy sentado frente al mar y la sensación que me deja el rumor de las olas es el de una despedida. Mañana volveré y sucederá otro tanto. Mientras, los días pasan, y las semanas y los años... Hay una especie de encantamiento del tiempo que solo Cabel Erech logra despertar. Me deja la profunda impresión de lo que está aún por hacerse y al mismo tiempo no podrá ser hecho jamás. Es como estar al borde de un precipicio que, sin embargo te permite seguir el camino siempre que estés seguro de que no pasará nada, excepto la permanencia de esa extraña sensación de haber acabado y aún permanecer.
El mar te llama. Y sabes que si acudes te botará en cualquier momento luego de haberte devorado. Sólo el cielo permanece impasible, a pesar de las nubes, pasajeras por naturaleza; a pesar de las gaviotas, vecinas de un momento.
Caleb Erech tiene la fórmula de la permanencia: no te dejes ganar por el encantamiento del tiempo; vive el hoy y ahora a cada momento, aunque como en este instante estés mirando el mar, disfrutando de una soleada caleta en Númenòr.
lunes, 1 de marzo de 2010
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