
De vez en cuando se siente la necesidad de ir tierra adentro. Entonces se descubren paisajes idílicos que invitan a pensar. Almadia se encuentra en el litoral; pero de espaldas al mar, se descubren los campos que hicieron famosa la isla: todo es ubérrimo, claro, espacioso. Un canto a la vida. No obstante, pronto se extrañan las gaviotas y las olas.
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