Mirar a Occidente. No es costumbre inveterada que la añoranza consolide. Es intuición de verdad y belleza. Ni el canto de las gaviotas es otra cosa que el sonido de lo anhelado al otro lado del mar. He auscultado durante mucho tiempo hacia Occidente y han cambiado las estaciones, han pasado los años, han ido y regresado los barcos que se hicieron a la mar, han llegado y se han ido miles de olas perezosas... Pero el horizonte permanece impenetrable. Es la hora de zarpar. Es la hora de reconocer que Occidente no vendrá: deberemos traerlo. Y alistamos aparejos, revisamos mapas, aseguramos itinerarios, acopiamos vituallas... Más allá espera lo que de real tienen historia y promesa. Almadia será siempre punto de partida y punto de llegada. Pero nuestro corazón estará siempre en el Occidente.
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